Testimonio de vida consagrada

Leti creo que es posible vivir en libertadLeticia Carranza es una religiosa granadina que pertenece a la Congregación María Inmaculada. Con motivo de la Jornada por la Vida Consagrada, celebrada el 2 de febrero, Leticia cuenta en su testimonio el gran descubrimiento de su vida: que Dios la ama profundamente y la acompaña siempre. 

Cuando conocí a las Religiosas de Mª Inmaculada, tenía 11 años, y desde entonces hasta ahora, después de 19 años, aún me sigue sorprendiendo su profundo amor y cariño hacia los jóvenes.

Me llamo Leticia Carranza, soy de Peligros, un pueblo de Granada, y pertenezco a la Congregación de Religiosas de Mª Inmaculada, conocida popularmente como el “Servicio Doméstico”, desde hace 10 años. La verdad es que no siempre he querido ser monja… por no decir lo contrario. Realicé el Conservatorio de Danza en Granada, compaginándolo con mis estudios en un instituto nocturno, por incompatibilidad de horarios, y en ocasiones, incluso trabajando y llevando adelante también una intensa vida joven, amigos, viajes, fiesta, locura, y más amigos… Queriendo desarrollarme en la vida artística que tanto me apasionaba, perdón, me apasiona, me fui a Córdoba para estudiar Arte Dramático, después de superar unas duras pruebas de acceso al mismo.

Un verano, en una de mis aventuras, fui a Melilla, para realizar un campo de trabajo con niños marginados, organizado por las hermanas. Y fue ahí donde Dios puso mi vida patas arriba y me invitó a vivir de una manera diferente, más radical, más comprometida, más… Experimenté que Dios estaba de parte de los que sufren, de los pobres, de los indefensos, de los que no tienen voz, de los que no se han sentido nunca queridos. Allí, mi pasión quedó transformada por otra danza.

Después de un tiempo de formación, y de la profesión religiosa, mi primer destino fue Cádiz, después Roma, África, Almería y Toledo, donde vivo actualmente. Siempre dedicada a dos tareas, una, la OLYMPUS DIGITAL CAMERAeducación y la promoción de la juventud, y otra mi crecimiento interior, como persona, como mujer, profundamente amada y cuidada por un Dios que me ha acompañado siempre, aunque no siempre lo pueda reconocer. Y una tarea va ligada a la otra indivisiblemente, se nutren y se enriquecen mutuamente.

Ahora vivo en Toledo y mi tarea se desarrolla en medio de una residencia de 55 jóvenes entre 16 y 22 años, que se preparan, a todos los niveles, para enfrentarse a un futuro que no parece muy prometedor. Intentamos ofrecerles en nuestra casa, que es su casa, un hogar donde puedan crecer y madurar siendo ellas mismas donde se sientan queridas por lo que son. Una familia donde son acogidas no por una estructura, unas paredes y unas habitaciones, sino por una comunidad sencilla de hermanas que abrimos todo nuestro ser a ellas, para que de verdad se sientan acogidas, sostenidas, apreciadas, fortalecidas, aceptadas, valoradas, cuidadas… ¿acaso no es eso lo que hace Dios con cada uno de nosotros? pues así, cada vez que hacemos esto con nuestras chicas, abrimos un cauce de vida entre ella y Dios, una posibilidad de que sientan, que es Dios mismo quien las acoge, quien las ama… a través de nosotras. Algo así como dice Madeleine Delbrêl en uno de sus escritos: Señor “(…) en tus brazos se danza. Para seguirte a Ti,(…) Hay que ser como una prolongación ágil y viva de ti mismo y recibir de ti la transmisión del ritmo de la orquesta (…) para ser gente alegre que dance su vida contigo.”

Leticia Carranza Carmona, Religiosa de Mª Inmaculada

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