Admitidos a las Sagradas Órdenes cinco jóvenes de la Diócesis de Granada

Seminaristas Admisión Órdenes

Los cinco seminaristas a la Admisión de las Sagradas Órdenes, en la Catedral.

La Santa Iglesia Catedral acogió el domingo 17 la celebración de admisión a las Órdenes Sagradas de cinco seminaristas de Granada, coincidiendo con el Día del Seminario, que este año se celebra con el lema “Sé de quién me he fiado”, durante la Eucaristía presidida por el Arzobispo Mons. Javier Martínez.

Ante un nutrido grupo de fieles, y concelebrada por numerosos sacerdotes -entre ellos los rectores de los tres Seminarios presentes en la Diócesis-, fueron admitidos como candidatos a las Órdenes Sagradas Alberto Sedano, Fernando Rodríguez y Fernando Luis Roca, del Seminario diocesano “San Cecilio”; y Carlos Peñafiel y Esteban Torres, del Seminario “Redemptoris Mater”.

Papa Francisco
En su homilía, nuestro Arzobispo también se refirió a la elección del Santo Padre Francisco, que, junto con la renuncia de Benedicto XVI a la Silla de Pedro, constituyen actos de fe, con los que el mundo se sacude pero que desvela que “el hombre contemporáneo tiene hambre de Dios, aunque no lo sepa”. En este sentido, Mons. Martínez se refirió a la “fiesta de la primavera”, que congregó a cientos de jóvenes para celebrar un botellón: “Percibes la tragedia de su soledad, de su sinsentido, de su vacio en la vida”, señaló, en alusión a los jóvenes bebidos y destrozados, sin ninguna conciencia de su situación.

Respecto a la renuncia de Benedicto XVI y la elección del Papa Francisco, “vivimos unos días en los que nos rodean los signos de la fidelidad de Dios, de que Dios es fiel”, afirmó D. Javier Martínez, al mismo tiempo que recordó que “Dios es fiel, la Iglesia permanece en medio de las tormentas de este mundo”.

Seminaristas y D. Javier
La Catedral, la casa del pueblo cristiano

“La Catedral es vuestro hogar, es el lugar donde enseña el Obispo y la casa del pueblo cristiano. Está por encima de un lugar de turismo para visitar y disfrutar de las bellezas de nuestro pasado, porque es un templo vivo, imagen del templo vivo que sois vosotros. Eso es lo realmente esencial e importante, al servicio de lo cual está todo lo demás”. Así se dirigió a los fieles congregados en la Santa Misa celebrada el domingo 17 para darles la bienvenida.

En su homilía, Mons. Martínez habló del tiempo de Cuaresma y explicó qué es la penitencia: “La Cuaresma no es tanto un periodo para hacer penitencia, en el sentido como nosotros, hombres modernos, entendemos la penitencia, que es más bien en el sentido de autoflagelarse. Suelo decir que la tendencia a autoflagelarse es más propia del hombre moderno, en la media que ha perdido a Dios…, que propio de la tradición cristiana y del Evangelio”. “La penitencia es el retorno del hijo pródigo a casa. La penitencia es poder respirar, salir de la oscuridad y pasar a la luz, es volverse a mirar al Señor, y el Señor es todo amor, todo luz, todo gracia, todo misericordia”, subrayó.

Asimismo, “lejos de Cristo está la oscuridad, la ansiedad que caracteriza al hombre contemporáneo, pensando que la felicidad está en la posesión de cosas. Hay una ansiedad histérica de tratar de poseer cosas para ser feliz porque la vida se nos va de las manos. El Señor nos quita la venda de los ojos, nos abre los ojos, nos permite reconocer quién es la plenitud de anhelo profundo de nuestro corazón: Cristo. Y Cristo es la vida de nuestra vida”.

“Convertirse es abrir la vida a Cristo, abrirle nuestro corazón”, destacó nuestro Arzobispo.

Para escuchar la homilía…

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