Mons. Javier Martínez celebra la Pascua ortodoxa con la comunidad rumana de Granada

Los fieles ortodoxos reciben al Arzobispo.

Los fieles ortodoxos reciben al Arzobispo.

En la noche del sábado al domingo, el Arzobispo de Granada, que es Presidente de la Comisión de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española, celebró la Pascua ortodoxa rumana en la parroquia de Nuestra Señora de la Cabeza, en Motril, con la comunidad rumana de esta localidad, que cuenta con más de 200 personas.

Junto al Arzobispo, concelebraron la Pascua Sorin Catrinescu, capellán de la comunidad rumana en la Diócesis, el Vicario territorial, D. Juan Bautista Amat, y el diácono Moisés Fernández, quienes han acompañado en celebraciones anteriores de la Pascua a la comunidad rumana.

La Pascua rumana se celebró también en la parroquia del Carmen, en Castell de Ferro, en la que participaron unos 350 fieles ortodoxos, y fue en la noche del sábado al domingo, a las 24 horas, mientras que en la iglesia de Nuestra Señora de la Cabeza, en Motril, se comenzó a las 21:30 horas el sábado día 4, para facilitar a las familias que llevaran a los hijos pequeños.

La celebración de la Pascua se hizo según el rito ortodoxo rumano, para el que algunos niños se vistieron con los trajes populares de Transilvania, y los fieles recibieron al Arzobispo con sal y pan elaborado por las familias rumanas en sus casas.

Momento del diálogo, antes de entrar en la iglesia.

Momento del diálogo, antes de entrar en la iglesia.

Rito ortodoxo rumano
Al llegar el Arzobispo, se forma una pequeña procesión, que da la vuelta alrededor de la iglesia cantando el “Tropario”, cántico rumano que proclama que Cristo ha resucitado.

Tras la procesión, antes de entrar en la iglesia, el sacerdote interpreta un diálogo entre la vida y la muerte, en el que representa a Cristo, y un fiel representa el papel de la muerte. Cuando vence la resurrección de Cristo, se abren las puertas de la iglesia de par en par, de modo simbólico, para que entre el sacerdote, quien simboliza el triunfo de la vida sobre la muerte.

Se comienza rezando los laudes, y se celebra la Misa. Las familias llevan los huevos de Pascua, pintados de colores vivos, especialmente en rojo, y, al término, se bendice el pan y el vino y se reparte a todos los fieles asistentes, junto a los dulces de Pascua, hechos con queso y huevos.

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