“Él vence en nosotros el pecado y la muerte”

D. Javier ofrendaPalabras de Mons. Javier Martínez, Arzobispo de Granada, en la homilía de la Eucaristía celebrada el pasado domingo, 7 de julio de 2013, XIV Domingo del Tiempo Ordinario, en la S.I. Catedral de nuestra Diócesis.

Queridísima Iglesia de Dios, Esposa amada de nuestro Señor Jesucristo, muy queridos sacerdotes concelebrantes:

Si hay alguna frase en la liturgia de hoy, que es como una explosión, una explosión de alegría, una explosión que justifica casi por sí misma el nombre de Evangelio, de buena noticia que tiene el anuncio del Señor y la vida de la Iglesia, es justamente la frase en que Jesús dice “yo veía” o estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo.

De hecho, el cristianismo, el anuncio de la venida de Cristo vivo y resucitado, es justamente el anuncio de la victoria del amor de Dios sobre Satanás y sobre las fuerzas del mal, y hay pocas frases en el Evangelio que estén más cargadas de esperanza que ésta. Es decir, Satanás está derrotado, y me diréis en seguida: pero basta ver un telediario y darnos cuenta de que el enemigo no para de enredar. Vemos guerras, vemos violencias, vemos odio, vemos la miseria humana en todas sus formas, no sólo en los telediarios, sino también en la vida, también en todos los medios de comunicación. Y sin embargo, yo os digo: el destino del mundo y el destino de cada uno de nosotros por el acontecimiento de Cristo, por su Encarnación, su Pasión y su muerte, por su Resurrección y por el don del Espíritu Santo ha introducido en la historia, han introducido nuestras historias, ha introducido en la vida un horizonte diferente. Satanás está ya derrotado, lo ha derrotado Cristo en sí mismo y lo tiene derrotado en nosotros, por mucho que nos enrede y por mucho que él nos pueda hacer morder el polvo y humillarnos.

A veces cuando recibimos alguna situación desagradable o alguna humillación, tendemos en seguida a pensar que es Dios quien nos lo manda. Quien quiere nuestra humillación no es Dios, quien quiere vernos postrados por tierra y destrozados, y tristes no es Dios, nunca. Dios quiere nuestra vida, Dios es el Dios de la vida. Es el enemigo, el que San Ignacio llamaba “el enemigo de la naturaleza humana”, el que quiere vernos llenos de desesperanza, destruido nuestro amor, desconfiando unos de otros, divididos unos de otros y tristes, tristes. El fruto del dominio de Satanás sobre el mundo es la tristeza, es la amargura, es esta tristeza vaga… pero que lo llena todo, que lo invade todo, como la niebla.

Pero yo quiero proclamar delante de vosotros que Satanás está ya vencido; que Satanás puede darnos guerra, lo que son los coletazos de un animal herido y que el amor de Dios -hay muchas palabras en el Evangelio que se podían unir a ésta, cuando Jesús dice: “Nadie puede atar a un hombre fuerte si no viene otro que es más fuerte que él”- se está refiriendo también a Satanás.

Satanás es el fuerte, es más fuerte que nosotros. Tiene más astucia, tiene artes para engañarnos de mil maneras, pero ha venido Uno que es más fuerte que él, y ese Uno más fuerte que él se llama Jesucristo, y Él ha vencido ya en su carne al pecado y a la muerte, y en la medida en que nosotros lo acogemos en nuestra vida, también Él vence en nosotros el pecado y la muerte. No porque no tengamos debilidades. Desde el momento en que hemos conocido a Jesús, todos tenemos necesidad de pedir perdón por nuestros pecados y por nuestras miserias.

Pero nuestras vidas ya no están marcadas como las de los paganos, por lo que nosotros seamos capaces de hacer, porque nosotros seamos capaces de convencer a Dios de que somos buenos. Nuestras vidas están determinadas por el amor infinito de Dios. Y también pasaremos por la muerte, pero tampoco la muerte de un cristiano es lo mismo que la muerte de un pagano, porque nosotros sabemos que morimos, pasamos por la muerte de la mano de Jesús. No morimos jamás solos. Un cristiano no está jamás solo. Un cristiano es miembro del cuerpo de Cristo, y desde el Bautismo tiene la vida divina sembrada en él. (…)

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada
7 de julio de 2013, S. I Catedral

Escuchar la homilía completa

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