“Cristo vive”

D. Javier Domingo ResurrecciónPalabras del Arzobispo de Granada en las celebraciones litúrgicas de esta Semana Santa en la Diócesis.

Las celebraciones litúrgicas de Semana Santa –Misa Crismal, Misa de la Cena del Señor, Pasión del Señor, Vigilia Pascual y Eucaristía de Resurrección- son los momentos centrales para vivir con la conciencia de pertenencia a Dios, que no deja nunca de amarnos.

En la Diócesis de Granada, estas celebraciones litúrgicas se llevaron a cabo en todas las parroquias y templos, salvo la Misa Crismal, que sólo se celebra en la Santa Iglesia Catedral presidida por el Arzobispo con el clero diocesano y tuvo lugar el Jueves Santo. En ella se consagró el Santo Crisma y se bendijeron los Óleos de los catecúmenos y enfermos. Dentro de la liturgia del Jueves Santo tuvo lugar el Lavatorio de los pies y el Viernes Santo, en el momento de la adoración de la Cruz, se dio a besar un lignum crucis –un trozo del madero de la cruz de Cristo- expuesto en un relicario de la Sierva de Dios Isabel la Católica, cuyos restos se encuentran en la Capilla Real de Granada.

“Cristo vive, y ése es el fundamento de todo, todo pende de ahí, hasta la misma creación. El hecho de que Cristo viva es una nueva creación: cambia el significado de todo, abre el horizonte de nuestra vida a un paisaje infinito, lleno de belleza porque proclama que el amor ha triunfado sobre la muerte”, afirmó Mons. Martínez en la homilía de la Misa de Resurrección del Señor, el pasado 31 de marzo. “Que el Señor nos conceda ser su Iglesia viva”, expresó Mons. Martínez.

En el templo catedralicio, las celebraciones estuvieron presididas por Mons. Javier Martínez, cuyas palabras en la Misa Crismal, la Cena del Señor, la Pasión del Señor, la Vigilia Pascual y la Eucaristía de Resurrección, pueden escucharse aquí.

Misa Crismal

Misa de la Cena del Señor

Celebración de la Pasión del Señor

Vigilia Pascual

Misa de Resurrección

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Semana Santa en Granada

semana-santa-granada-2012Granada ha vivido con fe las celebraciones de esta Semana Santa.

Durante estos días, los granadinos y visitantes procedentes de otros lugares han podido contemplar las expresiones públicas de nuestra fe cristiana, a través de las procesiones, que se han sucedido a lo largo de toda la semana, y que han recorrido las vías públicas cuando la lluvia no ha hecho acto de presencia.

Sin duda, las procesiones han sido momentos elocuentes y de testimonio público de una fe que, en ocasiones, quiere reducirse a una esfera privada, a la intimidad, o al círculo de las “creencias” y “opiniones” particulares. Con ellas, hemos sido testigos de auténticas catequesis de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, acompañado por nuestra Madre María.

El pueblo cristiano, y aquellos que buscan a Dios en lo más hondo de su corazón, muchas veces sin saberlo, ha participado de unos días que no son un mero recuerdo, sino actualidad viva desde hace más de 2.000 años, porque lo que ha acontecido estos días de Semana Santa tiene que ver con nuestra propia vida en su devenir y en lo que nuestro corazón anhela.

Las procesiones no son un folclore, ni una estampa costumbrista, ni un entretenimiento vinculado a un espectáculo para trasladar una “opinión” o una “creencia”, sino los hechos acontecidos en un tiempo y un lugar concretos de la Historia, con los que hacemos memoria y están vinculados a nuestra propia vida, hoy, cada día.

Paqui Pallarés
Directora del Secretariado de Medios de Comunicación
Arzobispado de Granada

Concentración de la HOAC Granada

TrabajoTendrá lugar el jueves 4, a las 19:30 horas, delante de la iglesia de San Francisco (Camino de Ronda), y posteriormente la celebración de la Eucaristía a las 20 horas.

“Por un trabajo que haga posible la vida. Por una convivencia de iguales en la diversidad. Por un barrio más humano, no a los barrios ignorados. Por unas relaciones laborales  sin discriminación de género. Por una sociedad contra el paro, la pobreza y la exclusión”. Éste es el motivo por el que llevan a cabo esta concentración, explicó la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Granada, cuyo comunicado reproducimos a continuación.

Comunicado de la HOAC Granada

La gloria de Dios es  ¡que el hombre viva y que viva en abundancia!

Sin embargo, en el trabajo hoy encontramos nuevas dificultades para que ello sea realidad, ya que, junto al paro elevadísimo, se extienden nuevas formas de organización del trabajo (descentralización productiva, producción flexible, flexibilidad contractual, funcional, geográfica, salarial, de ordenación del tiempo de trabajo…), la  contratación temporal, la movilidad funcional y geográfica, la aparición de formas de trabajo atípicas (trabajo a domicilio, tele trabajo…) que conforman un conjunto de relaciones laborales precarias, que se imponen a las personas y que les impiden vivir con dignidad, con plenitud.

-Está comprobado que las personas desempleadas tienen mayores tasas de mortalidad, de ingresos hospitalarios, hipertensión, alcoholismo, tabaquismo, adicciones a fármacos, depresión, suicidio y ansiedad. Estos efectos también se han observado en relación a la vivencia de la amenaza de paro (por ejemplo, en situaciones de regulación de plantillas), reflejando el efecto negativo de la inseguridad en el empleo y en las condiciones de trabajo.

-Asimismo, desde el punto de vista de la generación del riesgo, la precariedad en el empleo es un elemento que agrava objetivamente la exposición a los riesgos existentes en el puesto de trabajo, porque los factores vinculados a la temporalidad interactúan, para determinar situaciones que agravan el riesgo de perder la salud o la vida, diferentes al empleo estable.

En suma, la salud de la persona del trabajo está condicionada por su inserción en el “mercado de trabajo”, porque de ello depende mucho la asunción de riesgos o la exposición  a los inherentes a la falta de trabajo.

«Estamos frente a una realidad (…) que se puede considerar como una verdadera y auténtica estructura de pecado, caracterizada por la difusión de una cultura contraria a la solidaridad, que en muchos casos se configura como verdadera “cultura de muerte”. Esta estructura está activamente promovida por fuertes corrientes culturales, económica y políticas portadoras de una concepción de la sociedad basada en la eficiencia». Evangelium Vitae nº 12

Animamos a que durante este mes de abril, como se hace en todo el mundo, luchemos  por la salud y la vida en el trabajo, por denunciar  las condiciones laborales que le hacen ser lugar donde enfermar e incluso morir y que podamos afirmar que  el trabajo es para la vida, porque la persona es lo primero.

Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC)

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“Cristo vive y ése es el fundamento de todo”

D. Javier manosHomilía de Mons. Martínez en la Eucaristía de Resurrección en la S.I Catedral

Cristo vive, hermanos míos. Y ése es el fundamento de todo. Todo pende de ahí. Hasta la misma creación. El hecho de que Cristo viva es una nueva creación: cambia el significado de todo. Abre el horizonte de nuestra vida a un paisaje infinito, lleno de belleza, porque proclama que el amor ha triunfado sobre la muerte.

Y no sólo triunfó hace 2000 años. A lo largo de toda esta semana, algunos de vosotros seguro que habéis venido a Granada y buscáis, como hemos buscado todos, el acercarnos a los pasos de penitencia -los que han podido salir, dada la semana que hemos tenido-, pero uno siempre se puede preguntar: ¿Cómo la imagen que va en ese trono es la imagen de un hombre ajusticiado? Es la imagen de un hombre lleno de sangre, es un hombre que ha muerto como un malhechor. ¿Y qué hacemos poniendo flores y poniendo oro, y rodeando su imagen de la belleza de un pueblo, de toda la que es capaz de mostrar un pueblo? Sería horrible si todo eso fuera una ilusión. Sería algo hasta de mal gusto. Sería como consagrar la muerte o algo así. No, no es ése el sentido. Lo que explica la belleza que rodea las imágenes de la Pasión es lo que celebramos esta mañana. Cristo ha vencido a la muerte. Y ha vencido a la muerte no sólo en su propio cuerpo, sino que ya ha comenzado, ya la vence en nosotros, porque Cristo vive. La vence en nosotros abriéndonos los brazos a la vida nueva que Él nos comunica, que Él siembra.

A lo largo de la semana, la imagen del grano de trigo que si no muere queda infecundo pero cuando cae en la tierra muere y se convierte en una bella espiga, hace una bella cosecha, la he tenido como golpeándome todo el tiempo: Cristo ha muerto para que nosotros vivamos. Esa muerte no es una muerte más en la Historia. Un siglo más de que la historia normalmente, en nuestra experiencia humana, el mal lleva muchas veces las de vencer, y la muerte lleva siempre las de vencer, más tarde o más temprano lleva siempre las de vencer.

Ha habido un momento en la Historia en que ha sucedido algo inaudito, algo que no esperaban. No os creáis que los judíos por su cultura o porque eran hombres antiguos… nada, nada en el contexto en que vivían, ni en el mundo judío, ni en el mundo helenista, ni en el mundo oriental, les invitaba a afirmar que aquel hombre podía ver, no simplemente volver de la muerta a la vida, por un tiempo, sino vivir para siempre. Vivir para siempre. Sólo el impacto de algo que se les impuso, se les impuso a los primeros discípulos en las apariciones, y a las mujeres. Y os aseguro que ningún hombre de aquel entorno cultural, ni ningún hombre en Palestina, o en el entorno de Palestina en el siglo I se le ocurría poner como testigo de una resurrección a unas mujeres, porque ni siquiera legalmente su testimonio tenía validez, por el hecho de ser mujeres.

Si los evangelistas lo dicen, es porque fue así, sucedió así. Y como eso, mil otros detalles. Se les impuso por la experiencia de las apariciones, y se les impuso algo que estaba sucediendo en sus vidas. En sus vidas había sucedido algo que ellos -piadosos, cobardes, traidores, mentirosos, que se peleaban por ver quién podía ser más o menos entre sí- no podían dar crédito a sus ojos, algo nuevo que estaba brotando en sus corazones, en su vida, en su humanidad. Y ese algo nuevo, extraordinariamente nuevo, sólo podía ser obra de Dios.

Mis queridos hermanos, esa experiencia sigue, sigue hoy viva, sigue hoy fresca, sigue hoy generando vida en aquellos que acogen el anuncio de la Iglesia, en aquellos que acogen el anuncio: Cristo ha resucitado, ha resucitado verdaderamente, y ha dado su sangre, su vida, para ti, para mí, para el perdón de nuestros pecados, para hacer posible que la alegría no tenga que ser una evasión. Fijaros, cuando falta este horizonte, este suelo firme de la Resurrección de Cristo, la alegría siempre es un poco montaje, un poco fabricación nuestra, un poco uno tiene que olvidarse de un montón de cosas para poder estar contento, uno tiene que distraerse, en el cine, en la música, o en el baile, o en alguna cosa… algo que nos haga olvidar que en la vida, el gusano de la muerte y de las consecuencias de la muerte, el gusano del pecado, está siempre royendo, como royendo nuestras entrañas. Hay que fabricar la alegría a costa de algo. Sólo la Resurrección de Cristo permite una alegría pura. Porque no hay que negar nada, no hay que censurar nada. No hay que cerrar los ojos a nada.

Yo he tenido en este tiempo experiencias, de algún anciano que muere, y por muy anciano que se sea, y por muchos años que se lleve enfermo, la muerte nunca es bienvenida en ninguna casa, pero de niños gravemente enfermos, de niños moribundos, de un niño que ha fallecido en esta semana… Luego, la experiencia de las familias rotas, del sufrimiento de una herida que humanamente no hay posibilidad de curar de ninguna manera. Todas esas realidades nos acompañan, como nos acompaña la enfermedad, como nos acompañan nuestros pecados. El caso es que si uno tiene los ojos abiertos y ha sido educado en la fe casi no hay acción donde diga “Señor, pues aquí, había a lo mejor mucho de hermoso y había también su parte de miseria, de pequeñez, de límite al menos, de no saber hacerlo mejor”.

Si uno mide eso, ¿cómo sería posible estar alegre? Sólo que Cristo ha resucitado, que Cristo me invita, me llama, día tras día, es decir, no me invita simplemente a recordar algo del pasado. Me llena de gozo oíros porque es sencillamente una proclamación de una realidad viva, y de una realidad viva en la que vosotros proclamáis vuestra experiencia, una experiencia que compartimos todos aquellos que hemos recibido el don de la fe: Cristo vive, y Cristo es para mí, es decir, es para comunicarme a mí su vida. No para hacerme bueno y que desaparezcan mis defectos o que desaparezcan mis enfermedades, y poder vivir en un mundo virtual, de la “casa de la pradera”, o de un sitio bucólico, sin problemas ni dificultades, sino para poder vivir la vida humana, tal como es, con todo su espesor, con toda su carga también de fatiga, de sudor, de miseria, de pequeñeces… Poder vivirla sabiendo que tu abrazo de amor es más fuerte que todo eso.

Que tu amor por cada uno de nosotros, por cada uno de los hombres, por cada persona, hasta por la más mínima, no se rinde. Y mantiene los brazos abiertos para que uno pueda acogerle y pasar de la muerte a la vida. Y si queréis, cuanto más indigno sea uno, más el Señor insiste, más el Señor se acerca. Cuanto más uno quiere uno alejarse de Dios, más el Señor te persigue. Ésa es mi experiencia, en mí mismo y en tantas personas.

Vamos a darLe gracias. El canto del Aleluya es el canto que expresa justamente el gozo que nace de la obra que Dios hace en nosotros y que vemos hacer. Que el don del amor de Cristo fructifique en todas nuestras vidas, que fructifique en la vida de este pueblo, que haga de nosotros ese pueblo que es capaz de mostrar en la noche de este mundo la luz de una alegría posible, de una plenitud posible, de una vida bella, humana, extraordinariamente humana y extraordinariamente bella, porque no es una muestra, ni de nuestros proyectos, ni de nuestros cálculos, sino justamente porque es la obra del amor de Dios en nosotros.

Que el Señor nos permita, nos conceda, ser su Iglesia viva.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada
S.I Catedral, 31 de marzo de 2013

La homilía puede escucharse íntegramente en:
http://www.ivoox.com/misa-resurreccion-catedral-granada_md_1910891_1.mp3